Por el doctor Francisco Mera Cordero, especialista en Medicina Familiar y Comunitaria.

A más de 4 años desde el inicio de la pandemia de COVID-19, la comunidad científica continúamos descifrando las complejidades del virus y sus efectos a largo plazo. Entre las secuelas más preocupantes se encuentra el COVID persistente, una condición que afecta a millones de personas en todo el mundo y que aún presenta interrogantes sin resolver.
Prevalencia y síntomas:
Se estima que entre el 5% y el 10% de las personas que contraen COVID-19 experimentan síntomas prolongados. Estos pueden manifestarse de diversas maneras y variar en intensidad, incluyendo:
- Fatiga: El síntoma más común, que puede ser incapacitante en algunos casos.
- PEM: malestar post esfuerzo,que discapacita a muchos de los casos.
- Dificultad para respirar: Dificultad para respirar o falta de aire, incluso con esfuerzos leves.
- Tos persistente: Una tos seca que no desaparece después de varias semanas.
- Dolor en el pecho: Dolor o molestia en el pecho que no se explica por otras causas.
- Problemas cognitivos: Dificultad para concentrarse, problemas de memoria o "niebla mental".
- Síntomas neurológicos: Dolores de cabeza, mareos, zumbidos en los oídos o cambios en el sentido del gusto y el olfato.
- Palpitaciones: Latidos cardíacos acelerados o irregulares.
- Depresión y ansiedad: Problemas de salud mental que pueden empeorar o surgir por primera vez después de la infección.
Hipótesis fisiopatológicas:
Las causas exactas del COVID persistente aún no se comprenden completamente. Sin embargo, diversas hipótesis fisiopatológicas se postulan para explicar sus manifestaciones:
- Inflamación persistente: El virus podría desencadenar una respuesta inflamatoria prolongada en el organismo, afectando a diversos órganos y sistemas.
- Daño vascular: El virus podría dañar los vasos sanguíneos, lo que podría provocar problemas de circulación y disfunción de órganos.
- Daño autoinmune: El sistema inmunitario podría atacar erróneamente las células sanas del organismo.
- Persistencia viral: El virus podría permanecer en el cuerpo en forma latente o replicarse a niveles bajos, causando síntomas continuos o recurrentes.
- Disbiosis intestinal: El virus induciría intestino permeable y afectación de la mircobiota intestinal.
- Disregulación del nervio vago: El virus induciría disfunción del nervio vago que provocaría una disautonomía.
Líneas de investigación:
La investigación sobre el COVID prolongado se encuentra en curso y abarca diversas áreas:
- Identificación de biomarcadores: Se busca identificar marcadores biológicos que puedan ayudar a diagnosticar y predecir la gravedad del COVID persistente.
- Comprensión de la fisiopatología: Se están realizando estudios para comprender mejor los mecanismos subyacentes a los síntomas del COVID persistente.
- Desarrollo de tratamientos: Se están explorando diversas terapias potenciales, como medicamentos antiinflamatorios, inmunomoduladores y rehabilitación.
Tratamientos actuales:
Si bien no existe un tratamiento único para el COVID persistente, el manejo de los síntomas es fundamental realizar un tratamiento personalizado. Las medidas recomendadas incluyen:
- Nutraceúticos con capacidad senolítica, con capacidad de refuncionalizar la actividad mitocondrial , inmunomodular y actuar sobre la actividad protrombótica del estado de COVID persistente.
- Neuroestimulación nervio vago
- Neuroestimulación magnético transcraneal
- Sueroterapia con acción detoxificadora y antioxidante
- Tratamiento de la disbiosis
- Medicina hiperbárica
- Fisioterapia metabólica de adaptación para resistencia al ejercicio.
- Dieta saludable: Una dieta equilibrada y nutritiva puede ayudar a mantener la salud general y fortalecer el sistema inmunológico.
- Manejo del estrés: El estrés puede empeorar los síntomas del COVID persistente, por lo que es importante encontrar estrategias para manejarlo, como técnicas de relajación o terapia psicológica.
Un futuro incierto:
El COVID persitente representa un desafío importante para la salud pública a largo plazo. Se necesitan más investigaciones para comprender mejor esta condición y desarrollar tratamientos efectivos. Mientras tanto, es fundamental que las personas que experimentan síntomas persistentes después de COVID-19 busquen atención médica y adopten medidas para manejar sus síntomas y mejorar su calidad de vida.
En conclusión, el COVID persistente es una condición compleja y en estudio. Hay millones de pacientes afectados por el mismo. Produce un grave impacto en la calidad de vida y discapacidad en los pacientes afectados, afectando a la productividad laboral y con importantes repercusiones sociales. Es necesaria la inversión en investigación para comprender sus causas, mecanismos y posibles tratamientos además de unidades multidisciplinares para un manejo integral del paciente.



